Mi historia personal

Katerina Kozitski García

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“Las clases en la Casa Rusia me demostraron que aprender un idioma puede ser algo entretenido, y que el que haya diversión durante el aprendizaje no es sinónimo de falta de preparación.”

Me llamo Katerina Kozitski García y soy antigua alumna de la Casa Rusia. Empecé a estudiar en este centro cuando tenía 16 años. 

Recuerdo que cuando llegué el primer día a clase estaba un poco nerviosa. Nunca había estudiado en una escuela de idiomas y por lo que había oído, es común que en muchos centros las clases se acaben haciendo algo pesadas, al seguir un método bastante tradicional. 

Sin embargo, en cuanto conocí a la que iba a ser durante los próximos años mi profesora de ruso, Anna Petrush, supe que no tendría de qué preocuparme. 

Las clases en la Casa Rusia me demostraron que aprender un idioma puede ser algo entretenido, y que el que haya diversión durante el aprendizaje no es sinónimo de falta de preparación. Esto último quedó más que demostrado. 

Anna me preparó para el examen oficial de ruso TRKI-1 (nivel B1), en el que conseguí 94,6 puntos sobre 100; siendo ésta la nota más alta de toda España.

Un año antes de presentarme al examen empecé mis estudios en la universidad Carlos III de Madrid, donde me matriculé en Estudios Internacionales. En ese momento no lo sabía, pero mis conocimientos en ruso me ayudarían a conseguir tres años más tarde, durante mi último año de grado, unas prácticas en la Embajada del Reino de España en Lituania, donde este idioma se tenía en cuenta en la selección.

Fue precisamente en esa época, y según se iba acercando la fecha de finalización del grado, cuando decidí dar a mis estudios de ruso una perspectiva más alineada con mi ámbito de estudio, las relaciones internacionales. Fue así como acabé asistiendo a las clases de Svetlana Kaláshnikova (también en la Casa Rusia), donde si bien el nivel de exigencia era alto (al tratarse ya de un nivel B2-C1), son unas clases que recomendaría a todo el mundo que busque dominar el idioma. En esta época de mi formación aprendí muchísimo vocabulario que me sería de gran utilidad para mis estudios universitarios posteriores.

Mencionaba esto último, ya que en la actualidad estoy becada por el Ministerio de Educación ruso para cursar mi máster en Rusia, siendo una magnífica oportunidad que espero aprovechar al máximo. 

Es por ello que me gustaría agradecer a la Casa Rusia por el rol tan importante que ha tenido en mi formación en ese sentido; una formación que ha contribuido a ir dando forma a mi carrera profesional.

Por último, me gustaría resaltar la profesionalidad, cercanía y compromiso de la Casa Rusia con sus estudiantes, razón por la que cada vez que alguien me pregunta dónde estudiar ruso, siempre respondo lo mismo: en la Casa Rusia.

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Laura Moa

“Rusia, su idioma y su cultura se han convertido en una parte fundamental de mi vida...”

Empecé a aprender ruso en 2011, en el Grado en Lenguas Modernas y sus Literaturas de la Universidad Complutense. Desde el principio el ruso me pareció muy difícil pero muy interesante, por lo que durante la carrera tuve una relación de amor-odio con él: me resultaba a la vez fascinante y frustrante.

Al terminar la carrera, a pesar de haber sacado muy buenas notas, no era capaz de desenvolverme en ruso, por lo que pasé una época bastante desmoralizada y estuve un año sin estudiar nada de este idioma. Además, nunca había estado en Rusia y tenía la idea de que era un país muy peligroso.

Sin embargo, en 2016 una amiga me dijo que iba a haber un curso de una semana en la Universidad Estatal de Moscú Lomonosov (MGU) para españoles, principalmente alumnos de Casa Rusia Madrid, y decidí ir.

Resultó que no tenía nada que ver con lo que yo me imaginaba: Moscú me gustó tantísimo que decidí volver y seguir estudiando ruso. En septiembre me apunté a un curso anual en Moscú, donde aprendí muchísimo y me lo pasé genial. Conocí a gente de todo el mundo, fui a museos, a excursiones, me esforcé todo lo que pude por integrarme en la cultura rusa, estudié una barbaridad y, por fin, empecé a hablar ruso más o menos decentemente, una vez superados los primeros meses en los que la gente tenía que esperar y esperar hasta que yo producía una frase, que luego resultaba estar mal y no se entendía. Ese año también conocí a un chico ruso que actualmente es mi marido, lo cual me ha ayudado también mucho con el idioma, pues he tenido la ocasión y la necesidad de hablar en ruso todos los días desde entonces. Al final de aquel año aprobé el examen del B2 de ruso (ТРКИ 2).

Al año siguiente me dieron una plaza de auxiliar de conversación en la universidad MGPU y su colegio asociado, dentro del programa del Ministerio de Educación de España, que entonces se organizaba en Rusia por primera vez. Durante ese año seguí estudiando por mi cuenta en mi tiempo libre (que no era mucho, porque a la vez estaba haciendo un estresante máster en Enseñanza de Español como Lengua Extranjera que ocupaba casi todo mi tiempo) y me saqué el C1 de ruso (ТРКИ 3).

Al terminar el curso yo quería seguir en Rusia, pero la plaza de auxiliar no se podía renovar, era solo para un año. Sin embargo, gracias a la directora del programa, me contrataron en otra universidad, MPGU, donde estuve un año más, dando clases de español a los alumnos de primero de Grado en Traducción e Interpretación. Ese año también participé en proyectos interesantes, como grabar los audios para los exámenes de español de la selectividad rusa.

Después de ese año, conseguí una beca del Estado ruso para estudiar un máster de literatura en el Instituto Pushkin, pero, por motivos personales, solo estuve un semestre. Después me mudé a San Petersburgo para trabajar en una academia de idiomas, pero no me gustó y lo dejé. Entonces empezó la pandemia del Covid-19 y me quedé “atrapada” en Rusia. Como tenía mucho más tiempo libre, empecé un canal de youtube llamado Laura en Rusia, para explicar temas difíciles del ruso a hispanohablantes. Es un proyecto en el que llevaba años pensando, pero no había tenido tiempo de ponerme en serio.

Estuve subiendo vídeos todo el verano, hasta que, en septiembre, empecé a trabajar de lectora MAEC-AECID en la universidad Herzen (RGPU) de San Petersburgo y ya no tuve tanto tiempo para el canal (porque esto de youtube es algo que lleva horas y horas). Las Navidades las pasamos en Moscú, pero nos cogimos el Covid todos: mi marido, sus padres y yo. Poco antes, en diciembre, participé en la Olimpiada Internacional online de ruso como lengua extranjera de la Universidad Estatal de San Petersburgo (SPbGU), donde gané un primer premio y me dieron un montón de regalitos cuando volví a San Petersburgo, entre ellos un vale para hacer gratis un examen oficial de ruso. También participé en un dictado online de la Universidad de Kaliningrado (BFU), donde gané un tercer premio y también me mandaron un montón de cosas a mi casa (libros, cuadernos, llaveros y demás artículos promocionales de la universidad). Esto de los concursos online de ruso ha sido todo un descubrimiento para mí, porque son entretenidos y puedes ganar todo tipo de cosas  interesantes.

En abril de este año (2021) me presenté al C2 de ruso (ТРКИ 4) con el vale que me habían dado en la Olimpiada y ¡lo aprobé! Próximamente pondré un vídeo sobre esto en el canal.

 

Rusia, su idioma y su cultura se han convertido en una parte fundamental de mi vida. Ha sido un camino muy trabajoso, lleno de dificultades, pero ha merecido mucho la pena. Actualmente estoy reuniendo los documentos necesarios para solicitar el permiso de residencia en Rusia y en el futuro me gustaría seguir con el canal de youtube, dar clases de ruso y traducir literatura.